Las prácticas de la obsolescencia programada

Feb 27, 2018 | Sociedad |

Es ley en la industria moderna que un producto de duración eterna, si bien es conveniente para el consumidor, no es rentable largo plazo.

A mi mismo, cuando estudiaba los conceptos básicos de la economía, me dijeron que para crear negocio había que generar un bien o servicio, y este, había de ser mejor o más barato. Hoy en día, es norma que si la tecnología mejora mucho, independientemente de que sea más cara en producción o no, el producto nuevo que sale a mercado es mucho más caro (es lo que se llama gama alta). En la gama media nos ofrecen continuamente productos nuevos, en muchos casos se mejora el aspecto y se aumenta con cuentagotas la mejora tecnológica que este aporta, mientras que el coste de producción es prácticamente en mismo. Por último, en la conocida gama baja, se utiliza la tecnología cercana a la obsolescencia (muchas veces es la mejor opción de compra si tenemos en cuenta precio/rendimiento).

En todas las gamas, el producto está hecho para que su ciclo de vida sea cada vez más corto, y el consumidor se vea «obligado» a sucesivas compras a lo largo de su vida, para satisfacer la misma necesidad una y otra vez.

Una práctica habitual por parte de muchas marcas tecnológicas (podría decirse que todas) es la de poner dispositivos en el mercado con características inferiores que lo que la tecnología permite, responde mucho más a aspectos comerciales en los que se van dosificando las novedades.
Es conocido que cuando las cámaras tenían sensores de 2 megapíxels, las podían hacer de 5 pero que no las sacaban al mercado, para ir presentado sucesivas evoluciones.

En una estación de bomberos en Livermore, California, existe una bombilla que lleva funcionando más de 100 años (funcionando desde 1901), mientras muchas veces nuestras bombillas actuales no superan el año. En los años 30, se explicó por qué no se ha generalizado: Firmado por los fabricantes de bombillas, se pactó que las bombillas debían durar unas 1.000 horas para garantizar de este modo la demanda de su producto. Existe una cámara web (hubo dos anteriores, pero se rompieron) que filma el funcionamiento de la mencionada bombilla, el enlace se encuentra al final del artículo.

En cuanto a los clásicos ordenadores, siempre ha sido posible sustituir sus componentes, pero cada vez es más complicado, en gran medida porque cada cierto tiempo cambian el formato de las conexiones, y muchas veces tan sólo con el objetivo de que las nuevas piezas no sean compatibles con placas antiguas. Con los ordenadores de la marca californiana Apple es más que evidente: Los componentes se sueldan y esto casi imposibilita su sustitución, para cambiar uno estropeado es necesario cambiar el ordenador entero.

Se puede llegar a entender que se necesita de un flujo de consumo constante, que el consumo es la sangre alimenta nuestra economía, pero ¿son éticas todas estas prácticas? ¿es la mera codicia una razón de peso para contaminar con toneladas y toneladas de residuos, nuestro planeta?

ENLACE: Webcam de la bombilla que lleva funcionando desde 1901

  • INTERÉS 50%
  • RIESGO 75%
  • AVANCE 70%
En la actual sociedad consumista donde somos lo que compramos, el negocio reside en crear necesidades para los consumidores.

Se dispone de la técnica para la fabricación de productos duraderos y eficaces, pero estos acaban siendo remplazados por otros cuya duracción ya viene límitada, estando diseñados específicamente para ser efímeros, y de esta manera aumentar el consumo.

Lo mejor:

No todo es negativo dentro del concepto de la obsolescencia programada. Entre sus ventajas citaremos, que impulsa el motor de la economía actual(si nos abstraemos de la idoneidad de este modelo).

La generación de un flujo constante de nuevos productos, enriquece la inmovación y fomenta la actualización constante de la tecnología.

Lo peor:

La necesidad superflua de materias primas y la saturación de material residual dificilmente reciclable, provoca gran contaminación en el medio ambiente. Sobra decir lo mucho que esto nos afecta.

Se produce una merma en el poder adquisitivo de los consumidores. Se les obliga a pagar una y otra vez por lo mismo pero en nuevo. Se generan necesidad, totalmente superfluas.
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